November 2005


Sabemos que las buenas palabras son el maquillaje más habitual utilizado por la mentira para de este modo mostrarse atractiva. Sabemos que esos a los que llaman creadores de opinión, expertos tertulianos, rigurosos historiadores son la voz de su amo, la voz de la que nos sentimos esclavos. Sabemos ya que quienes han hecho de cientos, de miles, de millones de mentiras una profesión altamente rentable temen llamar a las cosas por su nombre.

Nos dicen la verdad es una, la verdad es una y nada más que una. Una sola porque existe una sola España, una sola, porque una sola es su historia. Una sola forma de escribirla, una sola forma de escribirla y contarla. Un solo y único discurso y aquel que se mueva, no sale en la foto.

A las cosas por su nombre :

La monarquía española es la más directa herencia del franquismo.

La transición a la democracia el ejemplo perfecto del fiel continuismo.

Adaptarse a los nuevos tiempos exigía esa amnesia que llaman consenso.

Los partidos de izquierda dejaban de serlo. Los de derecha decían ser de centro.

Los sindicatos mayoritarios, culpables de la mayor de las traiciones cometida a los trabajadores, pasaban a convertirse en funcionarios.

Y la constitución española, cadena que aprieta, cadena que ahoga. Cadena del todo todopoderosa. La norma suprema. La ciega obediencia.

Elegimos de quién ser esclavos y desde qué lado nos vendrán los palos.

ufrimos el terror del trabajo a la vez que sufrimos el terror del Mercado.

El poder sigue en las mismas manos. Los que ayer lo tuvieron hoy lo siguen teniendo.

El ejército está vigilando lo que un día quedaba atado y bien atado.

La bandera española es la bandera fascista.

El ejército español el ejército fascista.

La policía española, la policía fascista.

La clase política, la clase fascista.

 

A las cosas por su nombre

Nos estáis obligando a sentir cada vez más odio.

Odiamos porque amamos precisamente todo aquello a lo que aspiramos.

Somos el resultado de lo que durante años habéis provocado, habéis alimentado.

Hemos sido la mula paciente que mueve la noria, el burro de carga que carga y descarga.

Hemos sido explotados de todas las formas y en todos los lugares.

Bajo cualquier sistema: mano de obra, la mano que siempre sobra.

La mano que se estrella contra nuestra boca y que nos hace callar a base de ostias.

Ostia que nos dieron ostia que devolveremos.

Así es nuestra vida si es que acaso esto es vida.

Si vida se le llama a vivir de rodillas.

Ya desde este mismo instante exigimos una vida, una vida que merezca la pena ser vivida.

La de nuestros padres fue una vida de perros.

La nuestra transcurre sin pena ni gloria.

Venimos prestando demasiadas veces rostro a esta tragedia que habéis diseñado desde grandes despachos, macrocomisarías, desde esas prisiones donde estáis matando gente.

Gente que lucha, gente que arriesga porque su vida no sea como lo ha sido hasta ahora.

Nos estáis obligando a sentir cada vez más odio.

A este mundo le bastan, le sobran casi tantas buenas intenciones como hijos de puta con nombre y apellidos.

Que luego hablan de miedo. ¿De qué tenéis miedo?, ¿del lujo, del capricho, de los privilegios o más bien de perderlos?.

Lo nuestro sí es miedo, es miedo a esta vida, es miedo al propio miedo.

Es miedo al mañana.

Lo que en definitiva es el miedo al día a día.

En que vosotros ganáis, y nosotros perdemos el ojo por ojo de aquel pelotazo que nos dieron en la “mani� en la que defendíamos el puesto de trabajo que nunca tuvimos, que jamás nos dieron.

Y siempre las mismas mentiras.

El mismo discurso dominante.

Esa infinita combinación de miseria que permite que cada vez sean más los camellos que logran pasar por el ojo de la aguja.

Mienten, ¿quiénes son los que mienten?.

Mienten quienes tienen el poder suficiente para hacerlo de forma permanente.

Los de arriba dictan, los de abajo asienten.

La democracia dura mientras dura la obediencia.

Crece el rencor, aumenta la rabia, se agota la paciencia.

Una conclusión hecha a modo de advertencia:

” que cada cuál llore a sus muertos. “

Nos estáis obligando a sentir cada vez más odio.

Nos estáis obligando a sentir cada vez más odio… Cada vez más odio.